Un día como hoy de 1938 entre las calles de París se escuchó un lamento, era el llanto de la esposa de César Vallejo , Georgette Vallejo, que lloraba entre los pasillos de la Clínica del Boulevard Arago de París.

Murió un París con aguacero, un día como hoy que lo recordamos. Murió en París (y  no se corrió), pero no fue un jueves, fue un viernes, un viernes de abril. Enfermo en una camilla sin saber que era lo que tenía.

A su funeral estuvo el escritor  francés Louis Aragon, quien le rindió unas palabras en su tumba. Estuvo treinta y dos años  en el cementerio Montrouge, el 3 de abril de 1970 su viuda Georgette Vallejo traslada sus restos al cementerio de Montparnasse, escribiendo en su epitafio: «He nevado tanto para que duermas.»

Hace veinte años, el alemán Hans Magnus Erzensberger escribió sobre la muerte desconocida de Vallejo: «Las enfermedades de que sufrió Vallejo eran desconocidas en la medicina. Una se llamó España, y la otra, una enfermedad muy vieja y muy venerable: el Hambre»

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